¿Cuántas veces has sentido que tu cuerpo no es suficiente? Entre ideales imposibles y juicios constantes, la belleza parece una meta lejana. Este post es una invitación a mirarte con otros ojos y empezar a vivirte con más calma.
Lo que nos enseñaron sobre belleza
Desde niñas, aprendemos a mirar nuestro cuerpo con exigencia. Nos enseñan a encajar, a compararnos, a corregirnos. Pero esa idea de belleza solo genera lucha, culpa y desconexión. Hoy te invito a cuestionarla.
Habitarte sin exigencias
Aceptar tu cuerpo no es rendirse, es dejar de pelear. No se trata de amar todo lo que ves, sino de dejar de odiarlo. Empieza con escuchar tu incomodidad, hablarte con más respeto y darte tiempo. Tu cuerpo merece paz, no castigo.
Cambiar la mirada
La belleza real no es lo que otros ven, sino cómo tú te sientes en tu piel. Está en la risa, en la cicatriz, en la piel que vivió. Cuando cambias tu mirada, empieza el cambio de verdad. Y eso se entrena, poco a poco.
Pequeños gestos que marcan diferencia
Elegir ropa que te haga sentir cómoda, no solo «adecuada»
Dejar de seguir cuentas que te generan comparación
Poner límites al juicio interno
Empezar a nombrar lo que te duele, sin culpa





